La costura llegó a la vida de Lisbeth Farfán Chávez durante las olimpiadas universitarias, cuando una amiga le pidió que le ayudara a zurcir un vestuario. Después de esa experiencia, decidió tomar un curso virtual para aprovechar las vacaciones, la elección fue el bordado.

En diciembre de 2019, los inicios del ahora emprendimiento empezaron a asomarse, pero fue hasta agosto de este año que En tu punto salió a la luz para alegrar los corazones de los piuranos que desean plasmar historias de una manera peculiar.

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Fuente: En tu punto.

Propósito

En tu punto busca “rescatar las historias, perennizarlas en telas y en hilos. El producto siempre va a ser una pieza única”, indica Lisbeth, quien además es estudiante de Comunicación y combina sus habilidades de marketing para tener las riendas de su emprendimiento.

Este propósito se puede evidenciar no solo en redes sociales, donde comparte el producto final y un texto que resume el episodio que ha bordado; sino también en las reacciones de los clientes. Lisbeth recuerda con mucho cariño la vez en que bordó la escena de una pareja que había compartido una vida larga; él ya no estaba, pero el recuerdo volvió de una forma tierna a la mente de la señora, todo gracias al arte de Lisbeth. “La fotografía, además, estaba a punto de perderse. ¡Qué bonito poder ser cómplice de este tipo de cosas!”, expresa.

Fuente: En tu punto
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Proceso

Lograr un bordado que conmueva tanto a la realizadora como al público requiere de un camino paciente: primero Lisbeth diseña una digitalización meticulosa, después empieza a hilar durante cinco días aproximadamente y dependiendo mucho de la imagen, y el paso final es pulir la presentación del bastidor y el empaquetado. “La esencia del bordado es la paciencia, es un arte de la tranquilidad, es lo que evoca”, confiesa la emprendedora.

La pandemia

“El periodo de confinamiento me ha servido mucho para pensar. No tenía que girar en torno a recibir ideas y cumplir un pedido. Se trataba de rescatar la esencia. […] Me di cuenta que ahora surgen muchas historias, la gente conversa más”, cuenta Lisbeth.

Además, el tiempo de COVID-19 ha representado una reconfiguración de las palabras que la marca quiere depositar en la mente de los clientes: “Confianza, cuando uno comparte una historia, confías. La empatía, cuando alguien trabaja algo personalizado, estás esperando que quien lo realice se ponga en tus zapatos”. Esta afinidad le ha otorgado a En tu punto una cara fresca y amigable. Los clientes son capaces de confiar incluso las historias más sensibles, como cuando Lisbeth plasmó lo duro que había sido para una amiga aceptar su cuerpo. El resultado encantó a todos los usuarios.

Por ahora, la emprendedora ha hecho de un segundo piso su estudio fotográfico. Tiene también la certeza de que “no todo tiene que salir perfecto. Uno va aprendiendo en el camino y va en la marcha corrigiendo cosas”.

Fuente: En tu punto
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