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La inteligencia artificial (IA) ya forma parte de las actividades cotidianas de muchas empresas. Herramientas como ChatGPT, Gemini y Copilot son utilizadas para redactar correos, analizar información, generar contenidos y apoyar tareas administrativas. Sin embargo, el crecimiento de su uso no siempre está acompañado de reglas internas. Ante este escenario, las empresas pueden establecer políticas de uso de inteligencia artificial que definan herramientas autorizadas, información restringida, responsabilidades y mecanismos de supervisión para proteger los datos corporativos.

¿Qué debe incluir una política de uso de inteligencia artificial?

Una política corporativa de IA establece los lineamientos que deben seguir los colaboradores al utilizar herramientas basadas en esta tecnología. Su objetivo es establecer condiciones para aprovechar sus funcionalidades y reducir los riesgos relacionados con la seguridad de la información.

“Así como las organizaciones cuentan con políticas para el uso del correo electrónico, dispositivos corporativos o manejo de datos personales, hoy también resulta necesario establecer reglas para el uso de herramientas de Inteligencia Artificial”, señaló Luis Talavera, CEO de Zerodays y especialista en ciberseguridad y gestión de riesgos en TI.

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“La IA llegó para quedarse y el desafío ya no es decidir si se utiliza o no, sino hacerlo de manera segura y responsable”, agregó.

Entre los principales elementos que puede contemplar una política empresarial de inteligencia artificial se encuentran los siguientes:

1. Definir herramientas de IA autorizadas

Las empresas deben establecer qué plataformas de inteligencia artificial pueden utilizar los colaboradores para desarrollar sus actividades.

La definición de herramientas autorizadas permite establecer un marco común para su utilización y facilita la aplicación de controles relacionados con la seguridad de la información.

2. Restringir el ingreso de información confidencial

La política debe precisar qué información no puede ser ingresada en plataformas de IA.

Entre los datos que pueden estar sujetos a restricciones se encuentran la información personal de clientes, contratos, datos financieros, estrategias comerciales y otros documentos considerados confidenciales por la organización.

3. Establecer casos de uso que requieren aprobación

Las empresas pueden determinar qué usos de la inteligencia artificial están permitidos y cuáles requieren autorización previa.

Este mecanismo permite diferenciar las actividades de bajo riesgo de aquellas que podrían involucrar información sensible, decisiones relevantes para el negocio u otros procesos que necesiten una supervisión adicional.

Revisión humana es clave en contenidos generados por IA

Otro aspecto que debe considerar una política corporativa es la revisión humana de los resultados generados por las herramientas de inteligencia artificial.

Los contenidos producidos mediante IA deben ser revisados antes de utilizarse o compartirse, especialmente cuando contienen información destinada a clientes, documentos corporativos o materiales que puedan tener implicancias legales, financieras o comerciales.

La supervisión permite detectar posibles errores y verificar que la información generada sea adecuada para el propósito previsto.

Empresas deben definir responsabilidades sobre el uso de IA

Las reglas internas también deben establecer quiénes son responsables del uso adecuado de las herramientas de inteligencia artificial y de la protección de la información corporativa.

Esto permite determinar las obligaciones de los colaboradores y las condiciones bajo las cuales pueden utilizar plataformas de IA en sus actividades laborales.

Asimismo, las empresas pueden establecer procedimientos para reportar incidentes o situaciones en las que se haya compartido información de manera inadecuada.

Capacitación reduce riesgos asociados a la inteligencia artificial

La capacitación periódica de los trabajadores constituye otro componente de una política de uso de IA.

Los colaboradores deben conocer las herramientas autorizadas, los tipos de información que no pueden compartir y las buenas prácticas para utilizar estas plataformas.

La formación también puede abordar los riesgos asociados con la generación de contenidos, el tratamiento de información empresarial y la verificación de los resultados proporcionados por sistemas de inteligencia artificial.

“La mejor política no es la que prohíbe el uso de la Inteligencia Artificial, sino aquella que establece reglas claras para que los colaboradores puedan utilizarla de forma segura, responsable y alineada con los objetivos del negocio”, puntualizó Talavera.

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