Suscribirse a un servicio en línea suele tomar segundos, pero cancelarlo puede convertirse en un proceso interminable. Los seguros de viaje aparecen preseleccionados al comprar pasajes, los precios cambian al llegar al carrito de compras y el botón de «comprar ahora» resalta más que cualquier otra opción. Estas no son coincidencias: responden a los llamados «patrones oscuros», diseños digitales que orientan o presionan al usuario a tomar decisiones que favorecen a la plataforma. En el Perú, mediante el Decreto Legislativo 1729, publicado en El Peruano el 17 de febrero de 2026, estas prácticas han sido incorporadas como prácticas comerciales coercitivas dentro del Código de Protección y Defensa del Consumidor, Ley N° 29571.
Qué son los patrones oscuros y cómo operan en las plataformas digitales
Los patrones oscuros son mecanismos de diseño digital que influyen en las decisiones del usuario sin que este lo perciba con claridad. No buscan informar mejor al consumidor, sino orientarlo o presionarlo hacia opciones que benefician a la plataforma. Se apoyan en elementos visuales, textos ambiguos o procesos deliberadamente confusos que dificultan tomar decisiones libres e informadas.
Entre las manifestaciones más comunes se encuentran las suscripciones de cancelación compleja, los cargos adicionales que aparecen únicamente al final del proceso de compra, las opciones preseleccionadas que el usuario debe desmarcar activamente y los diseños que minimizan o dificultan el acceso a botones de cancelación o eliminación de productos.

El Decreto Legislativo 1729 obliga a las empresas a revisar sus plataformas digitales
Con la incorporación de los patrones oscuros como prácticas comerciales coercitivas en el Código de Protección y Defensa del Consumidor, el marco legal peruano reconoce que el diseño de una aplicación o sitio web puede afectar la libertad de elección del consumidor y, por tanto, generar responsabilidad para las empresas.
Aunque la norma será reglamentada, las empresas que operan en el comercio electrónico deben revisar sus plataformas, flujos de compra y experiencia de usuario para asegurar que la información sea clara, los precios finales sean visibles desde el inicio y las opciones de cancelación o rechazo sean accesibles en igualdad de condiciones que las de compra. Un entorno digital transparente no solo reduce el riesgo legal, sino que también fortalece la confianza del consumidor y la reputación de la marca.




















