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Semana Santa representa para millones de peruanos una oportunidad de descanso breve pero significativo. El Ministerio de Comercio Exterior y Turismo (Mincetur) proyecta que 1.9 millones de viajeros se movilizarán por el país durante esta temporada, generando un gasto aproximado de 220 millones de dólares, con destinos como Lima, Ica, La Libertad y Arequipa concentrando la mayor afluencia turística. Sin embargo, este repunte en el gasto puede traducirse en deudas difíciles de manejar si no se aplican criterios básicos de planificación financiera, especialmente entre los viajeros más jóvenes.

El riesgo de financiar vacaciones con deuda: la advertencia del economista

Ernesto Campos, economista y docente en la Universidad Internacional de Valencia (VIU), perteneciente a la red Planeta Formación y Universidades, advierte que el entorno vacacional puede generar una falsa sensación de abundancia que pone en riesgo las finanzas personales.

«Las vacaciones, al fin y al cabo, son un gasto de disfrute inmediato que no genera valor económico futuro», señala Campos. «Si se asumió una deuda para financiarlas, puede haber una tensión en las finanzas sin justificación. El descanso debería dar paz, no facturas pendientes», subraya.

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Entre los errores más frecuentes, el especialista identifica no prever todos los gastos asociados al viaje —como seguros, transporte local o comidas— y abusar de la tarjeta de crédito sin un control real del gasto.

Reglas prácticas de educación financiera para planificar las vacaciones sin excesos

Campos propone aplicar criterios concretos de educación financiera para evitar sorpresas al regreso. Entre sus recomendaciones destacan no destinar más del 10% de los ingresos anuales o el 30% del ahorro disponible al presupuesto vacacional, establecer un gasto diario máximo durante el viaje y aplicar la denominada «regla de las 24 horas» para evitar compras impulsivas.

Para la planificación del presupuesto general, el economista recomienda el método 50/30/20. «El 50% del ingreso se destina a necesidades básicas, el 30% a ocio y deseos personales, donde entran las vacaciones, y el 20% al ahorro», explica. «Organizar el presupuesto de esta forma permite evitar los excesos impulsivos y preparar con antelación el descanso. Guardar una pequeña cantidad mensual específica para las vacaciones, aunque sean montos bajos, puede marcar una gran diferencia», agrega.

La planificación anticipada, concluye el especialista, no solo protege las finanzas sino que también hace más placentera la experiencia de viajar al eliminar la presión de las deudas pendientes.

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